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  • 29 Mayo, 2017

Relaciones de “quita y pon”. Los vínculos y su fragilidad.

Pertenezco a una generación caracterizada por los vínculos y su fragilidad, que vivirá peor que sus padres, y no sólo en el ámbito laboral, o económico, también en el emocional y lo sexual, porque, sí, aunque parezca ciencia ficción, somos menos activos y nuestras relaciones afectivas son líquidas e inestables. Hemos generado relaciones de quita y pon, pero podemos arreglarlo.

Somos un fiel reflejo de nuestra sociedad y el mundo que nos rodea influye en nuestras decisiones, comportamientos, sistema de valores e incluso en las emociones que experimentamos. No podemos abstraernos de la sociedad en la que vivimos por lo que, de una u otra manera, las formas de relacionarnos están en crisis.

Tardamos cada vez más en independizarnos y nos hemos dejado atrapar por diferentes modalidades de ligar en la red, que consumen energía, tiempo, crean falsas expectativas y al final, no nos llevan a ningún lado, ya que tenemos la sensación de que nos asomamos a un mundo irreal de mercado infinito de parejas, sin que nos decidamos por nadie y trasladamos esa falsa sensación de abundancia, al mundo real.  

Cada vez son más frágiles los vínculos que establecemos con las personas que conocemos en cada uno de los ámbitos de nuestra vida.

¿Qué tienen en común estas relaciones de “quita y pon”?

 

relaciones de quita y pon

Todas estas relaciones tienen algo en común, fragilidad y superficialidad, rapidez e impulsividad y todo ello impide que duren en el tiempo. Son relaciones, que, como un elemento líquido, ocupan momentáneamente espacio en nuestra vida, pero se escurren igual de rápido que inundan nuestras vidas como maremotos. Se escapan por ventanas abiertas a la infidelidad, conflictos, engaños o la excusa de la libertad.

Nos escondemos detrás de un match con todas las posibilidades geográficas, en la falsa creencia de que saldrá la liebre de la chistera, pero no, eso no va a suceder. Somos la generación del “aquí te pillo, aquí te mato” y sin embargo, desechamos personas al mismo ritmo que las consumimos.

Una vez que nos sentimos satisfechos, simplemente pasamos a otra cosa y desechamos el objeto, o incluso la persona. Cada vez nos cuesta más crear relaciones sólidas y vínculos estables, con lo que ello conlleva, que no es más que cultivar el arte de truncar relaciones.

 

Conectamos durante un tiempo sin comprometernos, dando lugar a estos vínculos y su fragilidad.

 

los vinculos y su fragilidadYa no nos relaciones, simplemente, conectamos, con un amigo o pareja, durante un tiempo determinado sin llegar a la esencia, y mucho menos comprometernos.

Al final, acabamos enganchados a desechar personas, renunciar a relaciones, creyendo que siempre habrá más, pero un día se agotan las aplicaciones y las personas.

Las relaciones líquidas siempre están “haciendo aguas” y nunca terminan de forma cordial, te salpican e incluso te ahogan y te conviertes en un náufrago siempre en soledad.

Quizá ha llegado el momento de cambiar el patrón de comportamiento y nuestra forma de relacionarnos, más allá de la inmediatez y en el deseo de satisfacer las necesidades aquí y ahora.

 

María García Sánchez

Directora Programa ATCVIOGEN (Gestión Integral de Expedientes de Violencia de Género). Docente y conferenciante en igualdad, emprendimiento, estrategia social y violencia de género

 

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