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DUDAS SOBRE TU DIVORCIO Y LA GUARDA Y CUSTODIA

Queremos resolver todas tus dudas desde nuestra experiencia como abogados de familia. Por ello, compartimos contigo estas preguntas frecuentes que estamos seguros pueden serte de gran utilidad.

Nuestra forma de trabajo se basa en el trato directo y cercano con el cliente, por ello si necesitas hacernos una consulta sobre tu caso concreto no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo.

Preferimos que vengas a conocernos y nos cuentes tu historia, pero estamos seguros de que nuestra Guía de Preguntas Frecuentes te resultará muy interesante.

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    LISTADO DE DUDAS FRECUENTES

    La separación implica la suspensión de la obligación de convivencia, reconocida legalmente. Sin embargo, el divorcio , mucho más complejo, es una causa de disolución del contrato de matrimonio, por lo que los cónyuges divorciados pueden contraer nuevo matrimonio.

    Se puede tramitar de dos maneras diferentes:

    Por un lado, siguiendo un procedimiento de mutuo acuerdo, son los propios cónyuges, quienes, con el asesoramiento y la intervención de sus letrados, pactan las medidas que, en el futuro, regularán su nueva situación. Estos acuerdos quedan reflejados en un documento que se llama Convenio Regulador que se presentará al Juzgado para su aprobación, junto con la demanda de separación o divorcio de mutuo acuerdo.

    Si no se alcanza el mutuo acuerdo de separación o de divorcio, existe otra opción menos amistosa, el procedimiento contencioso, será necesario acudir a los Tribunales, que fijará las medidas derivadas de la declaración de separación o divorcio, en función de las peticiones que realice y justifique cada parte.

    No. Solo hay una exigencia legal para solicitar la separación o el divorcio, es el transcurso del plazo de tres meses desde la celebración del matrimonio.

    No será necesario este plazo cuando exista un riesgo para la vida, la integridad física moral o sexual del cónyuge que lo solicita o de los hijos e hijas del matrimonio. (Artículo 81 CC).

    Son varias las medidas que se deberán abordar en un proceso de separación o divorcio:

    - Patria Potestad de las hijas e hijos menores.
    - Guarda y Custodia de las hijas e hijos menores.
    - Régimen de visitas y comunicaciones con los hijos menores.
    - Uso de la vivienda familiar.
    - Pensión de alimentos a favor de los hijos comunes.
    - Pensión compensatoria.
    - Pensión regulada en el artículo 1438 Código Civil en el régimen de separación de bienes.
    - Contribución a las cargas del matrimonio.

    Los padres gozan de una serie de derechos, así como de obligaciones sobre los hijos que comprende el deber de cuidarlos, educarlos, alimentarlos, representarlos y administrar sus bienes.

    Normalmente el ejercicio de la patria potestad corresponde, de forma compartida, a ambos progenitores, salvo excepciones previstas en la ley.

    Eso significa que todas aquellas decisiones importantes que afecten a la vida de los hijos comunes deberán ser tomadas de forma conjunta por ambos progenitores, y a falta de acuerdo se decidirá por vía judicial.

    Consiste en el deber de convivencia y el cuidado y atención de los hijos e hijas menores. Es una facultad que deriva de la patria potestad.

    Las facultades de custodia solo se refieren al cuidado diario de los menores, ya que al tener compartido el ejercicio de la patria potestad, ambos progenitores deberán adoptar de común acuerdo cuantas cuestiones fundamentales se produzcan en las vidas de sus hijos e hijas, tanto en el ámbito educativo, sanitario u otros.

    El interés del menor es el único criterio a tener en cuenta a la hora de atribuir la guarda y custodia, para ello habrá que acreditar en el proceso judicial, cuál de los progenitores se ha dedicado al cuidado y atención de los hijos comunes durante la convivencia, teniendo en cuenta datos tales como los horarios de trabajo de ambos, su disponibilidad para estar con los menores, la relación de estos...

    Los Tribunales podrán fijar una custodia compartida con carácter excepcional y siempre que concurran las siguientes circunstancias:

    - Petición de una de las partes.
    - Informe favorable del Ministerio Fiscal.
    - Justificación de que solo de esa forma se protege el interés del menor.

    Los progenitores no custodios, tienen el derecho y deber de relacionarse con sus hijos. Según las circunstancias concretas de cada familia, se establecerá un sistema determinado. Un régimen de comunicaciones y visitas “tipo” sería el siguiente:

    - Fines de semana alternos desde el viernes a la salida del colegio hasta el domingo por la tarde-noche, añadiéndose a los fines de semana, los “puentes” que a ellos queden unidos.
    - Una o dos tardes entre semana desde la salida del colegio hasta las 20,00 ó 21,00 horas.
    - Mitad de vacaciones escolares de Navidad, Semana Santa y verano.

    El incumplimiento de la obligación del pago de los alimentos podrá ser reclamada mediante ejecución de la resolución correspondiente, que se iniciará con la demanda de un proceso de ejecución, en el que es preceptiva la intervención de la defensa letrada y procuradora o procurador, dirigido a obtener el cobro de las pensiones, mediante el embargo del salario y/u otros bienes.

    Son aquellos gastos necesarios e imprevisibles que se ocasionan en el cuidado, atención y formación de los hijos, por ejemplo: tratamientos médicos no cubiertos por los seguros públicos o privados, como la ortodoncia, las actividades extraescolares, campamentos, viajes de estudios, etc.

    Se trata de un derecho de prestación que tienen el cónyuge al que la separación o divorcio le ha causado un desequilibrio económico en relación con la posición del otro, necesariamente ha de implicar un empeoramiento en su situación anterior en el matrimonio.

    La cuantía de la pensión compensatoria vendrá determinada en función de las circunstancias económicas y personales de los cónyuges, como por ejemplo:

    - La edad y el estado de salud del cónyuge con derecho a pensión
    - La dedicación pasada y futura a la familia
    - La duración del matrimonio
    - La colaboración en las actividades mercantiles o profesionales del otro cónyuge.
    - La pérdida eventual de un derecho de pensión.
    - Los acuerdos a los que hubieran llegado los cónyuges.
    - El caudal y los medios económicos y necesidades de uno y otro cónyuge.
    - Cualquier otra circunstancia que pueda concurrir.

    El régimen económico del matrimonio es aquel por el cual se establecen las normas que regularán las relaciones económicas de los cónyuges dentro del matrimonio, así como entre los cónyuges y terceras personas.

    El matrimonio deberá regirse necesariamente por un régimen económico concreto para determinar:

    - Si los bienes existentes en el matrimonio son de propiedad de uno solo de los cónyuges o por el contrario pertenecen a ambos.
    - El régimen de administración, gestión y disposición de los bienes comunes, es decir, cómo se gestionan estos bienes y cómo se puede disponer de los mismos, (comprar, vender, alquilar, hipotecar, etc...).
    - La contribución de cada cónyuge a los gastos de la familia.
    - Concretar la responsabilidad de cada cónyuge frente a terceros, lo que significa aclarar en qué supuestos los bienes hacen frente a las deudas contraídas por el matrimonio o por uno de los cónyuges.

    Los cónyuges podrán decidir libremente que régimen económico se aplicará a su unión previa a la celebración del matrimonio. Estos son:

    - Régimen de la sociedad legal de gananciales,(es el régimen que rige a falta de pacto entre los cónyuges)
    - Régimen de separación absoluta de bienes. - Régimen de participación en ganancias.

    Vivir en una familia donde los padres están conviviendo en la misma casa, pero ya no son pareja, implica que la estabilidad de la familia ya ha sido alterada. Cuando una pareja decide separarse, es porque las cosas ya no van bien, y eso lo percibe el menor.

    Muchas veces al tomar la decisión de divorciarse, sobre todo si se hace de forma civilizada, supone darle a tu hijo/a la estabilidad que, en estos momentos, no está teniendo.

    Los horarios, las rutinas y la participación de ambos padres en la crianza de los hijos se pueden mantener, separados o juntos, divorciados o casados. Y, si la pareja está en una situación en la cual el divorcio se plantea como una realidad, el ambiente de crianza suele verse también enrarecido. Por lo que, realmente, no estás alterando la estabilidad, sino intentando que esta aumente y sea de mayor calidad.

    Explicarle a un hijo que sus padres se van a separar se debe de hacer con un lenguaje acorde a la edad del menor. Muchos ya conocen de cerca lo que supone que unos padres se separen, al tener amigos con padres divorciados. Cuanto mayores sean, más conscientes serán de lo que supone esta nueva situación, por lo que tendrán más preguntas, y se deberían responder a todas de la forma más sencilla y sin menospreciar al otro progenitor.

    Por otro lado, cuando los niños son más pequeños, van a entender menos lo que la separación de sus padres conlleva, así que habrá que explicarle cómo se va a llevar a la práctica. En este sentido, los primeros días serán los más importantes, debiendo establecer las nuevas rutinas, donde el niño debe participar activamente, e intentando que las mismas sean lo más parecidas en ambos domicilios, así como que pueda mantener contacto como hasta ahora lo ha tenido con ambos progenitores. Todo esto ayuda a que el niño procese su nueva situación familiar y, aunque es lo ideal, también es lo más difícil para los padres.

    A cada menor le surgen distintas dudas y en distintos momentos. Responder a todas, de forma tranquila y serena, adaptando el lenguaje a su edad, le dará seguridad y confianza. Una de las posturas en que más hincapié hay que hacer es que, aunque sus padres ya no estén juntos, él o ella va a seguir teniendo a los dos, y los dos le siguen queriendo como antes.

    Su equilibrio emocional depende de ambos progenitores. Lo ideal es que ambos sigan el mismo estilo de crianza, mantengan las mismas rutinas en los dos hogares, y los padres sean un mismo equipo entorno al menor. Para conseguir eso, en el proceso que conlleva el divorcio hay que separar la relación de pareja de la de padres.

    Ahora bien, y tras nuestra experiencia con los clientes, esta situación ideal no es siempre lo que nos encontramos en el despacho.

    En gran parte de las ocasiones, cada progenitor sigue un estilo de crianza diferente, lo que hace que el menor se desestabilice emocionalmente, sobre todo los primeros días de cambio de hogar. En estos casos, mi consejo es que se les dé espacio para poder desahogarse, y no tomar de forma personal lo que pueda pasar los primeros días. Darle este espacio de seguridad, en el que el niño se pueda expresar, implica un desahogo para el menor. Cuanto más pequeño sea, antes reacciona al ambiente, por lo que también su adaptación al cambio de hogar es más rápida. Pero si es mayor, nota más la confrontación de estilos de crianza, y sufre sus consecuencias, no sabiendo cómo actuar, ya que puede llegar a sentir que si actúa en casa uno de los progenitores igual que en casa del otro, se están posicionando en un bando y no quieren hacer daño a ninguno de los dos. Además, hay que tener en cuenta que, en ocasiones, intentará imponer lo que más le beneficia de ambos estilos en los dos hogares, sobre todo, en la adolescencia.

    La relación con los abuelos es muy beneficiosa para los menores, pero los abuelos deben saber cuál es su papel. Su papel no es un rol activo en la separación de la pareja, sino es un rol en la crianza del menor, y esto implica que deben mirar por el bienestar de los nietos. Controlar los comentarios y actitudes de los abuelos es responsabilidad de cada uno de los progenitores.

    Esto no implica que no se hable en absoluto de la otra parte, ni que se convierta en un tema tabú. Se debe hablar de ambas partes de forma natural, sin entrar en la crítica, y siempre a demanda del menor. Es tan fácil como interesarse por lo que el menor nos cuenta, sin llegar a opinar, con afirmaciones como: ”¿y después que pasó?”, “¿y cómo lo hicisteis?”, “¡Ala, qué chulo!”, etc.

    Normalmente, los colegios tienen un protocolo de actuación en caso de divorcio de los padres. Ambos progenitores deben involucrarse en las tareas, actividades y reuniones del colegio. Lo mejor, que haya una comunicación fluida entre profesores y padres, y esta conversación se pueda realizar con ambos padres a la vez. Si no es así, por diferentes causas, lo importante es que no se oculte información del colegio a la otra parte.

    Hablar de papá o mamá en casa del otro no debería ser tabú ni implicar sentimientos negativos. Por eso se debe realizar una escucha activa, sin juzgar, interesándose por lo que nuestro hijo/a nos está contando pero sin dar nuestra opinión ni juzgar. Importante: tampoco con la mirada ni con gestos. Hay que tener en cuenta que para el menor sus padres ya no son una pareja, pero continúan siendo su familia.

    Si se puede intervenir, pero ni a través del menor, ni delante de él. La situación ideal es poder hablarlo directamente con la otra parte, de forma asertiva y llegando a acuerdos. Otra opción es a través de los abogados.

    Lo primero de todo, es acordándolo con la otra parte: los temas que tengáis que hablar, se hablan sin el menor delante.

    Si la otra parte insiste en ocasiones, un simple “luego lo hablamos” debería ser suficiente.

    Pero hay situaciones en las todo se complica, y nada de esto es suficiente. En estos casos, armarse de paciencia y seguir el refrán de “dos no discuten si uno no quiere” es lo mejor para el menor. En estas situaciones, los abogados ya suelen estar involucrados, y si la otra parte no colabora, la mejor solución es consultarlo con ellos y aplicar técnicas de control de estrés en el día a día.

    Los menores suelen tener muchas preguntas. Es recomendable siempre responderlas, y hacerlo de forma serena y tranquila, adaptando el lenguaje a la edad que tengan, nunca entrando en criticar al otro progenitor, y siempre remarcando que pase lo que pase ambos le seguirán queriendo.

    Poder expresar cualquier duda a sus padres les otorga a los menores seguridad, tranquilidad y les ayuda a comprender y procesar su nueva situación familiar.

    No podemos evitar que terceros le hagan algún comentario, afortunado o no, a nuestro hijo/a. Estos comentarios puede que le generen dudas o inquietudes al menor.

    Si hemos establecido un ambiente de confianza y seguridad en casa, lo más seguro es que nuestro hijo/a nos comente con toda normalidad lo que le inquieta y qué cosas le han dicho hoy en el colegio, en casa de los abuelos, de los tíos o dónde se haya producido estos comentarios. Cómo ya hemos mencionado, lo importante es responderle, de forma sincera y serena, mirando por el bien del menor, adaptando el lenguaje a su edad y sin entrar en criticar las actuaciones o actitudes del otro progenitor. Cuantas más respuestas tenga y más información, mejor sabrá manejar los comentarios de terceros, bien a la hora de procesarlos, de saber cuánta importancia debe darle a cada uno de ellos o bien para saber responderles de una forma adaptativa.

    Que vuestro hijo muestre deseos de que volváis a estar juntos, realmente es una exteriorización de lo que echa de menos, bien porque las rutinas hayan cambiado, por tener que aguantar ahora algún comentario de terceros que todavía no sabe cómo afrontarlo, o porque es consciente de que ahora hay una mala relación entre sus padres, y experimenta emociones al respecto: tristeza, miedo, inseguridad…

    Lo primero que debemos hacer es explicarle que eso no va a pasar, y que no pasa nada porque no pase. A esto le llamamos “normalizar la situación”. Es muy importante que el niño/a entienda que es una situación normal, y le mandemos mensajes de que no se es diferente por tener los padres separados.

    Después debemos analizar la situación, para ver qué es lo que le está produciendo sentimientos de inseguridad, que le producen que lo exteriorice de esta forma.

    Si las rutinas han cambiado drásticamente, además de que son completamente diferentes en casa de uno y otro progenitor, lo que debemos hacer es tomar medidas para minimizar esto al máximo. Las rutinas son importantes porque aportan seguridad al menor. Las rutinas, al ser conductas repetitivas, consiguen que el menor sepa qué es lo que va a ocurrir, eliminando uno de los factores de estrés con gran carga en la infancia y adolescencia: la incertidumbre.

    Si el menor está siendo sujeto de comentarios de terceros, debemos intentar atajar estos comentarios. Los comentarios no sólo tienen que ser sobre él/ella, sino sobre la situación familiar, o sobre lo que hacen los padres, etc. Además de atajarlos en la medida que nos sea posible, debemos intentar que nuestro hijo/a adquiera las herramientas y habilidades necesarias para saber procesar estos comentarios sin que le afecten a su seguridad.

    Si el/la menos está siendo consciente de la mala relación entre sus padres, hay que analizar por qué, en qué momentos esta mala relación se hace visible para el menor y erradicar esos momentos.

    Hay otra situación en la que puede darse que nuestro/a hijo/a muestre un gran interés en que sus padres vuelvan a estar juntos, y es que el/la menor tenga una edad comprendida entre los 4- 9 años. En estas edades, los niños fantasean y suelen pedir un hermano, una mascota, y en el caso de que los padres estén separados, que vuelvan como pareja. Esto sucede porque en estas fases los niños empiezan a ser conscientes de la variedad de familias que existen, y quieren “probar” todas alguna vez. Es solo una fase y debemos entenderla como tal si ninguna de las otras opciones está presente. En el caso de que sea así, lo único que hay que hacer es explicarle que no puede ser, igual que harías si te pidiese un hermanito/a o una mascota.

    La negación es parte del duelo, por lo que no hay que luchar contra ella.

    Cuando los padres deciden separarse, los/las hijos/as pasan por un proceso de duelo ya que han perdido un tipo de familia. Las fases del duelo, son iguales para todos los duelos, y se debe pasar por todas. Cada persona pasa de forma diferente, más lenta o más rápida, pero todos pasamos por todas las fases. Un duelo normal, en el que no haya complicaciones, puede durar hasta 6 meses, y comienza cuando se nota la ausencia de aquello que se ha perdido, es decir, no cuando se le comunica que sus padres se van a separar, sino cuando es consciente de que las cosas ya no son cómo eran antes.

    Las fases, incluida la de negación, no hay que evitarlas o luchar en su contra, sino que hay que facilitarlas para que se resuelvan de la forma más rápida y eficaz. Por ello, es bueno crear un clima donde el/la menor pueda expresarse sin ser juzgado, y se sienta comprendido mediante la escucha activa de sus progenitores.

    Las fases del duelo son (Klüber-Ross, 2010-2017):

    1. Fase de Negación: Negarse a sí mismo o al entorno que ha ocurrido la pérdida
    2. Fase de Enfado, Indiferencia o Ira: Estado de descontento por no poder evitar la pérdida que sucede. Se buscan razones causales y culpabilidad.
    3. Fase de Negociación: Negociar consigo mismo o con el entorno, entendiendo los pros y contras de la pérdida. Se intenta buscar una solución a la pérdida a pesar de conocerse la imposibilidad de que suceda.
    4. Fase de Dolor Emocional (o depresión): Se experimenta tristeza por la pérdida. Pueden llegar a sucederse episodios depresivos que deberían ceder con el tiempo. 5. Fase de Aceptación: Se asume que la pérdida es inevitable. Supone un cambio de visión de la situación sin la pérdida; siempre teniendo en cuenta que no es lo mismo aceptar que olvidar.

    Como conclusión, lo más importante es hablar con los niños, explicarles la nueva situación y lo que esta conlleva, pero de una manera que ellos entiendan y no se sientan diferentes a los demás. Un ambiente cordial entre los padres es el mejor escenario posible para que los hijos en común acepten la separación y empiecen a aceptar el cambio en su familia.