«Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad».

Karl A. Menninguer-

IMG-20130731-00361 El artículo 180.1 de nuestro Código Civil, es tan lacónico como determinante:
«La adopción es irrevocable», sentencia, eliminando de cuajo cualquier vestigio que permita la «devolución» de un niño o niña adoptado por parte de las familias adoptantes.
Soplé. Esperé pacientemente a que el capuchino tomara la temperatura adecuada, ayudándole con una cucharita que parecía estar absorbiendo todo su calor. Mientras rompía la blanca espuma, absorta ante una serie de artículos que tenía sobre la mesa del Bar Releé, un escalofrío se apoderó de mí.
Aún entrecomillada, el uso de la expresión «devolución» no deja de ser una auténtica barbaridad de difícil pronunciación cuando hablamos de adopciones truncadas o fallidas, dentro del procedimiento de adopción nacional o internacional.

abandono-de-personaCierto es que el largo y apasionante viaje que es la adopción internacional, alberga momentos difíciles que distan mucho de ser -como en antaño se pensó-, un camino de rosas.

Sin embargo, existen numerosos motivos por los que este mecanismo de protección de la infancia debe ponerse en funcionamiento, una vez se han descartado otras vías menos gravosas para el menor que deben considerarse previamente.

Expertos en la materia apuntan a que en los inicios, reinó un excesivo optimismo entorno a la adopción internacional, que vino acompañado de unos requisitos de idoneidad excesivamente laxos y mal focalizados.
La insuficiencia informativa y formativa de las familias,  entremezclada con unas expectativas completamente irreales, tuvieron sus consecuencias.
¿El resultado de todo esto?

El 1,5 % de las adopciones internacionales se rompen en los primeros años, según estudios de Ana Berástegui, Doctora en Psicología en el Instituto de la Familia de la Universidad de Comillas.

A pesar de no ser un porcentaje elevado -tal y como apunta la Doctora-, oculta tras de sí una serie de tragedias que estigmatizan a las familias y sobre todo, a los niños.

Siguiendo la tónica habitual,  el café se quedó frío. Y esta vez, yo con el.
Si reflexionamos, llegaremos a la incómoda conclusión de que estas «adopciones truncadas» son en gran parte un fracaso general  e irremediablemente -tal y como reza  la cita de cabecera-, lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad.
Es innegable que la crianza de los niños y niñas adoptados conlleva una seria de dificultades añadidas frente a la de los hijos biológicos, y que estas se agudizan durante la adolescencia. Por ello,  se hace necesario un apoyo «extra» a las familias que frecuentemente llega más tarde de lo que debería.
 
¿Los motivos? Muchas veces la falta de recursos humanos y deficientes mecanismos sociales. Otras, la dificultad tremenda que le supone a un padre o madre pedir ayuda, y reconocer que no es capaz de hacerse con la situación.
sonrisaLos niños, las personas, NO se devuelven. Supongo que en este punto, todos estamos o deberíamos estar de acuerdo.
La importante decisión de adoptar, conlleva una serie de responsabilidades que de ninguna manera, se pueden obviar.
Si nos ceñimos a los términos legales, la ruptura de las familias adoptivas es igual a la de cualquier otra familia, pasando la tutela del menor a la Administración y manteniéndose vivas ciertas obligaciones de los padres para con el menor.
Pero en el campo de las emociones, esta ruptura es rotundamente devastadora para todos, especialmente para el niño, quien ante un segundo abandono o reabandono se ve expuesto a una situación muy traumática, de no imposible, pero sí difícil solución.

El papel de las E.C.A.Is -entidades colaboradoras en la adopción internacional- es indispensable, pues deberán representar un férreo punto de apoyo y una fuente constante de información y formación a las familias, en las diferentes etapas del proceso de adopción.

Sin embargo, la escuela y las administraciones públicas son también piezas clave, y en este campo también queda mucho por recorrer.

 Cena Navidad abogados 16 diciembre_199 modifiedDelia M. Rodríguez

Abogada y mediadora

www.vestaliaasociados.es