Los Inicios Laborales. Una Carrera de Fondo.


«Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez, Fracasa mejor»

– Samuel Beckett-

Un día como otra cualquiera. Terminadas las gestiones en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, dicidí hacer un alto en el camino para desayunar, por segunda vez.

Recorriendo la calle de Serrano me permití el lujo de observar a quienes acelerados, se cruzaban en mi camino. Digo el lujo, porque habitualmente voy tan escopetada a todas partes, que no dispongo de tiempo para disfrutar de los detalles.

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Al pasar por delante de una cafetería-panadería de lo más cuca, me paré en secó, y husmeé en su interior. Le Pain Quotidien, decía en sus suculentas cartas de desayunos. No me lo pensé dos veces, tomé asiento en la terraza y continué deleitándome con el ir y venir de la gente que, circunstancialmente, pasaba por allí.

Aquellos últimos rayos de sol rezagados, fueron el complemento perfecto para mi almuerzo ecológico: capuchino, pan de centeno y tres tipos de mermeladas artesanales.

No sé si el culpable fue el tiempo que llevaba sin tomar un buen café, pero aquel primer sorbo me supo a gloria bendita, y por un instante, me teletransporté a mi último año de carrera. A los exámenes finales.

Seguidamente, aquel inconfundible aroma me hizo rememorar aquella «habitación de recreo» del Despacho de abogados donde hice mi primera pasantía. Primera, porque detrás de esa, vinieron dos más.

Recordé también la incertidumbre propia de los inicios laborales como una peligrosa mezcla entre emoción, y pavor. Emoción por cerrar un capítulo de mi vida, y abrir paso a uno nuevo, ni mejor ni peor. Diferente. Pavor, porque lo desconocido da miedo, y porque desgraciadamente, la mayoría de nosotros no hemos sido educados en la «cultura de aceptación del error o el fracaso», me explico.Captura de pantalla 2014-11-06 a la(s) 17.15.27

Desde pequeños, sentimos que levantar la mano en clase, contestar a la pregunta formulada por el profesor, y equivocarnos, es una gran tragedia. Más adelante, de adolescentes, un tropiezo delante de un grupo de personas, puede ser motivo de sonrojo, e incluso de un mal trago.

De adultos, cuantas veces damos la espalda a nuestros sueños por considerar que «se nos ha pasado el tren». Infinidad de veces preferimos callar, o no intentar algo, antes que equivocarnos. Y es ahí donde radica el mayor de los fracasos, el fracaso que NO aporta nada.

Acabar la Universidad y entrar de bruces en el mundo laboral, puede ser un choque de realidad que a más de uno, nos ha costado digerir. No os sintáis solos si vuestra primera experiencia profesional ha sido decepcionante, o frustrante.Tampoco os desesperéis si la oportunidad que habéis encontrado, después de mucho rebuscar, no llega o no es aquello con lo que habíais soñado. Paciencia. ¡Los inicios laborales, son una carrera de fondo que no termina nunca!

La situación actual de crisis, cierto es que tampoco ayuda. Pero, ¿a caso hubo alguna época en la historia de la humandidad, en la que los éxitos llovieran del cielo a raudales, como por arte de magia?

Cuando comencé mi andadura profesional, lo primero que hice fue pasarme tardes enteras dibujando mi destino. Pensé en lo que me gustaría hacer (vocación). Medité y reflexioné sobre mis mejores aptitudes y virtudes (talento). Y por último, analicé mis posibilidades reales y actuales (recursos), que tarde o temprano, acabarían llevándome al punto inicial, mi vocación.

No os voy a engañar, no fue fácil. Incluso confesaré, que alguna lágrima de frustración ha sido derramada por el camino, y las que quedan. Pero algo puedo decir orgullosa, y es que desde que dibujé como quería que fuese mi futuro, jamás he tenido miedo a equivocarme.

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En ocasiones, si es cierto que he podido sentir impaciencia, propia de la juventud, y de quien vive con pasión su profesión. Pero los resultados, y no me cansaré de decirlo, llegan antes o después. Y cuando por fin los estéis saboreando, os acordaréis con cariño de vuestros inicios, y seguiréis dibujando próximas metas que están por llegar.

Puede que en algún momento sintáis que os habéis desviado de vuestro trayecto, y que estáis desempeñando un trabajo que no os llena. Que los esfuerzos invertidos, parecen caer en saco roto. Que vuestro trabajo, no se valora lo suficiente, o que nadie se ha parado ni siquiera a daros una simple oportunidad, por mucho que la habéis rastreado hasta debajo de las piedras.

Si eso os ocurre, sentaros a tomar un buen capuchino, respirad hondo y emplead el tiempo que haga falta en «hablar con vosotros mismos». Os aseguró que, este tipo de charlas siempre son reveladoras.

Analizad con sinceridad si estáis empleando todos los medios a vuestro alcance para dar forma a vuestros objetivos. Y sobre todo, si son los medios acertados. Replantearos la estrategia, y si estáis sacando a relucir lo mejor de vosotros, lo que os diferencia frente a otros profesionales. Buscad consejo en las personas en quienes confíais, y en aquellos veteranos que sí están dispuestos a tenderos una mano.

Dejaros guiar también por esas «hadas madrinas» que uno se va encontrando con cuenta gotas por el camino, pero recordad: el único protagonista de vuestros éxitos o frustraciones, sois vosotros. Nadie os regalará nada. Nadie vendrá a daros las cosas masticadas. Y si así fuera, estaría haciéndoos un flaco favor. Pues en esta vida, como se aprende, es currándose las cosas. Equivocándose.

Como dice tan sabiamente Samuel Beckett … «Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez, Fracasa mejor».

Delia RodríguezCaptura de pantalla 2016-05-10 14.00.17

Abogada y Mediadora

delia@vestaliaasociados.es