Las infancias nunca duran. Pero todo el mundo se merece una.

-Wendy Dale-

2015-04-Life-of-Pix-free-stock-photos-kid-boy-bubbles-back-leeroy-copieUno de los aspectos más duros de la profesión de abogado de familia, es enfrentarse a los rostros de los niños involucrados en procesos de separación o divorcio.

Toda situación de cambio y/o conflicto familiar supone una reestructuración del modelo familiar que, lógicamente, afecta de muchas formas a todos los miembros de la familia, dependiendo de su edad y de su personalidad.

Sin embargo, estos procesos no tienen porqué ser traumáticos si se gestionan de la debida forma, y con la ayuda de los profesionales adecuados.

Es por ello que siempre digo, que la elección de tu abogado en procedimientos de separación o divorcio, no sólo condiciona el desarrollo o resultado del pleito, si no también determina cómo serán las relaciones familiares en un futuro. Y recordemos, que quien siembra vientos, recoge tempestades.

Muchos clientes tienen la descabellada idea de que un abogado agresivo, defenderá mejor sus intereses. Creedme cuando os digo que justamente es todo lo contrario.

En cuestiones de familia, más vale maña, que fuerza. Y desde luego, nunca podemos hablar de ganadores o de perdedores. O todos ganan, o todos pierden.

Nino-tristeEn mi trayectoria profesional, desgraciadamente, he vivido todo tipo de situaciones familiares trágicas en las que los niños se ven salpicados por los rencores, rencillas o intereses particulares de sus padres y madres. En otras ocasiones, son utilizados como intermediarios, espías o monedas de cambio. Conductas por parte de sus progenitores que son totalmente despreciables, pues son ellos quienes con más ahínco deberían velar por el bienestar de sus hijos.

En un procedimiento familiar confluyen gran cantidad de emociones e intereses en juego, y el resultado del mismo, marca sin duda alguna la vida de todos los miembros de la unidad familiar. En demasiadas ocasiones, comprobamos que el propio desarrollo del procedimiento contencioso, consume y deteriora hasta límites muy dolorosos las relaciones afectivas de padres, madres, hijos y hermanos.

Por este motivo, la correcta elección de un profesional que sea capaz de conciliar, negociar, y restar tensiones que ya vienen de fábrica en este tipo de conflictos familiares, es realmente un tesoro.

El conocimiento jurídico por sí solo, no es suficiente para lidiar con ciertas situaciones habituales en los procedimientos de familia. Se hace necesario escuchar, entender y acompañar al cliente, quien atraviesa una peculiar situación que requiere una atención especial, frente a otro tipo de procedimientos.

Y desde luego, acudir a un abogado que anteponga el bienestar de los niños me parece indispensable y necesario. Las partes en muchas ocasiones se encuentran tan absorbidas por el conflicto, que olvidan lo verdaderamente importante, la familia.

Ningún padre ni madre tiene derecho a arrebatar a sus hijos algo que jamás podrán volver a disfrutar: la infancia. Tampoco tienen derecho alguno a instrumentalizar a sus hijos, quienes muchas veces transmiten en cartas y mensajes a sus padres y madres que «ya no pueden más», que «simplemente quieren ser felices, como lo eran antes».

Ningún padre ni madre, tiene derecho a hablar mal del otro progenitor a sus hijos, pues esto produce una decepción tal en los niños, que sienten que su corazón se hace añicos.

Me vienen a la memoria no pocos rostros de niños, tristes y cabizbajos, sentados en las salas de los juzgados, esperando a ser explorados por el juez. Recuerdo como otros tantos, reuhían incómodos la mirada de sus propios padres, o madres, al estar en compañía del otro. Y también puedo rememorar como muchos de ellos resoplaban, preguntándose porqué narices tenían que estar allí, en vez de estar jugando.

Los niños no tienen culpa alguna de los errores de los adultos y por supuesto, jamás deben convertirse en un daño colateral de los procedimientos de ruptura emocional de sus padres.

En esta cruzada de todos los días, todos los profesionales de la justicia, y las propias familias, tenemos mucho que decir, y mucho más por hacer. Pues en cuestiones de infancia, todos debemos remar en la única dirección posible.

Delia M. Rodríguez

Abogada y mediadora, Socia Directora

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