Si las personas sólo fueran responsables de lo que hacen conscientemente, los idiotas estarían de antemano libres de cualquier culpa

– Milan Kundera– 

El pasado viernes 13 de noviembre impartí a los alumnos de la escuela de tiempo libre CEYFE la sesión de «responsabilidad civil y penal para educadores», labor que vengo desempeñando desde hace varios años en el centro universitario La Salle, en Madrid.

excursionDurante la sesión se abarcó la importante función de cualquier educador que trabaja con niños y niñas menores de edad pues, en el mismo momento en el que sus padres y madres nos los confían, nos convertimos en garantes de los mismos con las consecuencias morales y legales que ello conlleva.

Analizamos las diferentes responsabilidades a las que podemos enfrentarnos cuando actuamos como profesores, monitores o coordinadores de tiempo libre y tenemos a nuestro cargo decenas de niños y niñas que, como es natural, juegan, saltan, bailan, corren y, sobre todo, son rápidos e imprevisibles.

Se explicó a los asistentes que, si su intención es convertirse en profesores, monitores o coordinadores de tiempo libre, no pueden perder de vista la cantidad de escenarios ante los que podemos encontrarnos en un aula, en una salida extraescolar, en la hora del recreo, o en un campamento urbano o de verano.

La prevención y la organización previa, sin duda, juegan un papel fundamental.

CYMERA_20151116_171458Nuestra responsabilidad (civil o penal), en cuanto a la labor que estamos desarrollando nos obliga a estar pendientes de diversos factores como el número de niños por monitor, la peligrosidad y dificultad técnica de cada actividad, las previsiones meteorológicas, los horarios escolares, el estado de las instalaciones, las alergias de los participantes (un tema de los más importantes, pues son fulminantes) etc.

Tras analizar y representar en grupos diferentes situaciones, así como el plan de prevención y las consecuencias legales ante las que podríamos encontrarnos, todos los participantes llegaron a la conclusión de que cuando hablamos de la seguridad de menores de edad no debemos dejar nada en manos del azar.

Bien es cierto que también se expusieron circunstancias reales sobre accidentes ocurridos durante el desarrollo de juegos tradicionales en la hora del recreo, los cuales no entrañaban una peligrosidad particular (como pudiera ser practicar barranquismo, por ejemplo).

En estos casos, la jurisprudencia apunta a que la responsabilidad del garante irá en función de si éste ha observado o no las diligencias debidas en cada caso, como pudiera ser si había un número suficiente de profesores/monitores en la hora del patio, teniendo en cuenta el número de alumnos y las edades de estos.

sfwmAkieTSyeToJZqfKV_IMG_9840 BWY por supuesto, también se analizará si el garante en cuestión ha presentado un comportamiento doloso o imprudente en su actuación.

Cuestión diferente sería determinar la responsabilidad civil (compensación económica) que pudiera darse en cada caso concreto, reseñándose la importancia de contratar un buen seguro de responsabilidad civil cuando organizamos una actividad con menores, así como de asegurarnos de que la empresa para la que trabajamos cuenta con ello.

Posteriormente los propios alumnos representaron un juicio simulando uno de los casos reales estudiados, llegando todos a la conclusión de que es imposible prever y evitar absolutamente todas las tesituras comprometidas que un educador puede experimentar a lo largo de su trayectoria, y que resulta imprescindible la formación de calidad de los profesionales, quienes deben tomar conciencia de la responsabilidad que tienen entre las manos.

Por otra parte, también coincidieron en la importancia de requerir la autorización expresa y escrita de los padres antes de tomar decisiones importantes que afecten a los menores, incluso para la inocente ingesta de un paracetamol, salvo que nos encontremos ante situaciones extremas.

Resulta meridiano en este sentido que cuando hablamos de la toma de medicamentos habituales o de alergias alimenticias la norma estrella debe ser «corrobora, y después vuelve a corroborar», no dejando nunca en manos del caprichoso y traicionero «yo creí» la salud de los menores.

En definitiva, cuando estamos al cuidado de niños, sea de la forma que sea, debemos ser muy conscientes de la responsabilidad que esto conlleva, teniendo como fiel consejero al menos común de los sentidos: el sentido común.

Delia M. Rodríguez 

Abogada y mediadora

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