foto IñaliHace unas semanas escuché en la radio las manifestaciones de una preocupada madre que decía lo siguiente:

 “Que los profesores estén vigilando continuamente en el patio, que no haya grupos, ¡que no haya ningún grupo!”.

El comentario está extraído de una entrevista dirigida a padres y madres que esperaban a sus hijos en la puerta de un colegio de Leganés.

Al referido centro escolar asistía un alumno de 11 años que se suicidó el mes pasado porque presuntamente (la investigación no está cerrada) había sufrido acoso por parte de sus compañeros.

Los T.A.I.S (Técnico Auxiliar de Intervenciones de Seguridad) que suelen realizar su labor  en los centros de menores sí son vigilantes. Nosotros, los docentes que trabajamos en las escuelas, no lo somos y creo que es importante no confundir los papeles. Un colegio no es, ni deberá ser nunca, un centro de menores.

sfwmAkieTSyeToJZqfKV_IMG_9840 BWEs razonable que tras la última trágica noticia, la cual ha azotado el ya convulso panorama educativo, se de pie a este tipo de reacciones fruto de la impotencia y el temor ante un hecho tan dramático como el sucedido.

Pero de ninguna manera dicha propuesta puede ser interpretada como una posible vía para erradicar las situaciones de acoso en los colegios, ni ningún otro tipo de conflicto en aula.

El tiempo de recreo o patio es de los pocos, por no decir el único, momento del día que sirve de distensión, descanso, juego y actividad.

Durante el mismo el alumnado se comporta libre y espontáneamente al disiparse la sensación de control ejercida por el docente en las aulas, aunque sea durante esos escasos veinte minutos que siempre parecen volar.

Por este motivo considero que es el espacio y momento idóneo para encontrar nexos de unión, así como para crear o reforzar la relación profesorado-estudiante.

Captura de pantalla 2015-11-21 20.12.39 modifiedEl patio es el “observatorio de conductas” de las escuelas, el lugar donde el alumnado aprovecha para socializarse con sus compañeros, y con el resto de la comunidad educativa (personal no docente, alumnado de otras secciones, profesorado, etc.).

Durante esos minutos es cuándo se puede, y se debe, propiciar el encontrar rutas de acercamiento que deriven en situaciones de escucha activa bajo el manto de una confianza mutua.

En definitiva, mantener una actitud de acogida y acompañamiento… No de vigilancia.

Pues es en esos breves instantes de proximidad dónde se crea la complicidad necesaria para que nosotros, los profesores, nos convirtamos en receptores de información reveladora sobre nuestros alumnos.

Y por supuesto, ello nos lleva a actuar no en pocas ocasiones de confidentes sobre los problemas o preocupaciones que les asaltan a lo largo de su desarrollo personal e incluso familiar.

Los vínculos afectivos que se crean entre los educadores y su alumnado, los cuales suelen continuar vivos incluso finalizado el curso académico, son una de las mejores herramientas para detectar, prevenir e intervenir con éxito en posibles situaciones de desigualdad o acoso escolar.

Iñaki Laría Hernández

Profesor educador FP Básica

Asesor educativo y formador en Vestalia Asociados

@IgnatiusLaria