2.2Hay quien entiende o vive el divorcio de sus padres como un hecho traumático en su vida. Sin embargo en la mía lo realmente traumático fueron los años anteriores a ese divorcio.

En muchas ocasiones los padres tienden a querer dar una estabilidad a sus hijos y mantener la unión familiar a costa de cualquier cosa, incluso cuando la situación es tensa e insostenible, precisamente para evitar hacer sufrir a sus hijos menores de edad, como si realmente éstos no fueran conscientes de lo que ocurre.

De alguna manera, prefieren esperar a que sus hijos sean más mayores e independientes para poder dar el paso, pero a veces no darle produce más sufrimiento que darle.

80124274Si me pongo a pensar, no recuerdo una etapa en mi niñez en la que mis padres no discutiesen. Siempre lo hacían, unas veces por unas cosas y otras por otras, pero casi siempre por la falta de trabajo y en consecuencia, la falta de recursos económicos.

Desde bien pequeña era perfectamente consciente de que la relación de mis padres no era la que tenían los padres de otros niños, o al menos a mi no me lo parecía, y no podía evitar envidiar los planes que mis amigas hacían con los suyos.

Desde muy pequeña sabía, con solo mirarles a los ojos, si ese día había habido “tormenta” (que era como vulgarmente llamábamos mi hermano y yo a esas discusiones) o no, incluso aunque no hubiéramos estado con ellos en todo el día, daba igual, bastaba un segundo para saberlo. La tensión se respiraba en el ambiente, y en el fondo te alegrabas de que hubiera ocurrido cuando no estabas.

photo-1452716726610-30ed68426a6bPor supuesto, mucho peor era cuando la “tormenta” comenzaba estando en casa, porque la veías venir, no podías hacer nada, y se generaba una situación de tensión en la que la mayor parte de las veces llegaba a sentir temor, el miedo de una niña de ocho años que no entendía porque las cosas eran tan difíciles, y que no se atrevía a intervenir pero sufría por no poder pararlo. Cuando parecía que podía pasar casi cualquier cosa, entonces mi padre se marchaba y mi madre acababa llorando.

En ese momento se generaba otro dilema, ¿qué le dice una niña de siete u ocho años a una madre en esa situación? ¿que le dice con nueve o diez? “¿no lo ves?, esto no funciona”, “no podéis seguir así”.

Sin embargo eran frases que nunca verbalizaba, solo deseaba que eso acabase y que ellos solos llegasen a esa conclusión.

SplitShire-1226Aunque pasen los años, y entres en la adolescencia, no te acostumbras a las discusiones y conflictos, pero si llega un día en el que de repente te atreves a intervenir, sin ser muy consciente de que no puedes solucionar nada.

Ya no hay quien salve ya esa relación, y al final lo único que consigues es sentirte culpable por algo que ni siquiera has iniciado tu, pero que te ha llevado involuntariamente a posicionarte, sin ni siquiera saber si a favor de quien tiene la razón o no.

Solo quieres que la discusión acabe. Esas situaciones se convierten en continuas, y provocan que la relación con mi padre se deteriore hasta llegar a no dirigirnos la palabra durante meses, y a veces me preguntaba…. si estaba actuando bien, ….si mi madre quería que yo me posicionarse porque así ella se sentía más respaldada,….si mi padre lo entendía, y si realmente eran conscientes de lo que nos estaban haciendo.

Finalmente, cuando la situación parecía estar tranquila deciden divorciarse, y me lo comunica únicamente mi madre, porque mi padre ya se había marchado (lo haría posteriormente, a su manera, y mucho tiempo después).

Recuerdo que no había cumplido los catorce, y no sentí miedo, ni incertidumbre de que pasaría ahora, ni me preguntaba cuándo iba a poder verle, ni de que íbamos a vivir nosotras, solo estaba invadida por una enorme “TRANQUILIDAD”.

Era como si pudiera tener la seguridad de que ese temor a entrar por la puerta a la vuelta del instituto, esa constante necesidad de estar en guardia, ya no iba a volver.

A día de hoy la situación es bien distinta, y mi perspectiva de las cosas y de cómo pasaron también lo es. Ahora entiendo que no había buenos ni malos, sino dos personas incapaces de convivir, con muchos conflictos a los que no se ponía ninguna solución, y sobre todo una relación deteriorada que no ayudaba en nada a nuestro bienestar, sino que únicamente generaba angustia, mucha angustia.

Creo que si nuestros padres hubieran sido conscientes, que creo que a día de hoy aun no lo son, quizás porque nunca han existido reproches por nuestra parte en ese sentido, de todo lo que mi hermano y yo sufrimos por las discusiones de ellos, por todo lo que se decían, por todo lo que veíamos, se hubieran divorciado mucho antes.

Delia Rodriguez Mediación FamiliarSin ninguna duda, me hubiera gustado que mis padres se hubieran sentado con mi hermano y conmigo y nos hubieran explicado que habían tomado una decisión y que a partir de ese momento las cosas iban a ser distintas. Se supone que son los adultos, y que si con 6, 7  u 8 años podemos verles discutir sobre cualquier asunto, también somos capaces de entender cual es el “plan” a partir de esa decisión.

Nunca tuve sensación de abandono, mi madre se preocupó mucho en dejar claro que no era por nosotros, pero hubiera estado bien oírlo en boca de los dos.

Si me preguntáis que hicieron bien y que hicieron mal en ese momento, intentaron darnos tranquilidad, intentaron que tuviéramos claro que siempre íbamos a poder hablar con uno u otro, a disfrutar de su compañía, a contar con ellos, etc.

Si tengo que poner un “pero”, creo que un niño ante el divorcio de sus padres no necesita oír lo negativo de ninguno de ellos, lo que hacen o han hecho, y los juicios de valor de los adultos, es el propio tiempo y los actos de cada uno los que determinan para el menor que representa su madre y que representa su padre, sin necesidad de que uno de los dos se lo haga ver.

Los niños no necesitan que les abran los ojos, los tienen muy abiertos, ven más de lo que parece y entienden aún más de lo que pueda pensarse.

Patricia, 7 años 

(hoy día es una mujer de 32 años, abogada)