photo-1439920120577-eb3a83c16dd7Estar, sin estar, sí. ¿Pero cómo voy a estar en un espacio o en un tiempo concreto si no estoy físicamente? Ahí, en ese momento, en esa reflexión está el inicio de todo. El comienzo y la meta a conseguir.

Tanto a nivel familiar como en la escuela tenemos un objetivo común, ofrecer la oportunidad y dotar al niño de la autonomía necesaria para desenvolverse de una manera eficaz en el mundo que le rodea y sepa gestionar todos esos momentos que vive.

Vivimos en una sociedad donde tanto la familia como la escuela mira a los niños desde la perspectiva del adulto, desde los miedos y dificultades de los mayores y proyectan todas esas circunstancias y experiencias en el desarrollo del menor. Y realmente, ¿pensamos que es lo más adecuado?

Todo nos indica que si elevamos el nivel de protección, conlleva un cierto desequilibrio en el desarrollo del niño.

photo-1445633743309-b60418bedbf2Todas las experiencias que viven están, de una forma inconsciente, mediatizadas por la presencia del adulto, lo cual les acarrea una “falsa seguridad”, una actuación que realmente, en la mayoría de los casos no está en sintonía con sus pensamientos y sentimientos.

Por tanto, estaríamos hablando de una sucesión de acciones que van desarrollando siempre con la figura del adulto en compañía y buscando la aceptación continua del mismo.

Una situación que vemos constantemente en la familia y en la escuela, y que en la mayoría de los casos conlleva a medio plazo un déficit personal del infante y que puede derivar en una dependencia hacia el adulto o el docente, incluso hacia sus semejantes, los compañeros.

Por ello, ¿qué es estar sin estar?

Es fácil a la vez que complicado, y con dos vertientes la familia y la escuela. Por un lado tenemos el entorno familiar.

man-person-cute-youngLa familia, el núcleo familiar, es un lugar de encuentro y de vivencias. El niño llega a la familia, y llega ¡para quedarse!, pasando por las etapas desde la más temprana edad, en la que requiere una mayor atención y protección por nuestra parte y poco a poco, nuestra atención irá virando con el tiempo, hacia la consabida gestión autónoma.

Esa gestión, requiere tiempo, como proceso que es,  requiere que estemos dispuestos a dar libertad, a que se equivoque, y reflexione sobre su educación, a que trabajemos el pensamiento causal y consecuencial, porque solo si ellos actúan con libertad y se equivocan y reflexionan, pueden comenzar a gestionar las experiencias futuras.

Es el juego, cuando llega la edad, de recoger y soltar cuerda. A veces, es bueno “perder el control”, si los padres lo hacen juntos, para crear algo juntos. Al contrario que si uno pierde el control para ser controlado por el otro.

Es decir, que no damos todo de  golpe, sino que vamos ofreciendo momentos poco a poco, para poder gestionar junto con nuestros hijos esas vivencias y que actúen en consecuencia. Obtendremos esa seguridad que al principio no tenemos al dejar que nuestro hijo abra las alas y comience su vuelo personal.

great-teacherEn la otra cara de la moneda, y que acompaña o debe acompañar la educación en el ámbito familiar está la escuela. En ella también necesitamos de esa autonomía, ir eliminando esas ataduras y dependencia que en algunos casos observamos en diferentes aulas.

Una absoluta dependencia con el docente conlleva experimentar pocos y breves momentos autónomos. Está mal visto que el docente abandone el aula, por si pasa “algo”, debemos acompañar al alumnado por las escaleras, por si ocurre “algo”, y tantas otras situaciones, pero, ¿no necesitan esas vivencias, a solas, en grupo con sus compañeros para equivocarse y crecer?

Para llegar a la cumbre de la autonomía, a esa frase que da título a esta reflexión, “estar, sin estar, el camino más corto para una verdadera autonomía” precisamos de espacios y tiempo para ellos, para su crecimiento personal, para que cometan errores, que todos hemos cometido, y sobretodo reflexionar sobre las situaciones vividas.

Durante este proceso, la familia comenzará a tener mayor seguridad en lo que hacen y más confianza en sus acciones, y llegará el momento que estaremos, sin estar.

Javier Mera Suárez

Docente y formador en metodologías participativa

@IOjaviM