planting-865294_1280Sembrar semillas, en el jardín de tu hogar, en tu vida y en la vida de los niños.

Sembrar semillas para posteriormente tu mismo, tu familia y la escuela recoger una dichosa cosecha de paz.

Me contaba un amigo: “este fin de semana he visitado a mis sobrinos, tras el pertinente saludo nuestras miradas, nuestras palabras no volvieron a cruzarse, estaban absortos en una amalgama de aparatos tecnológicos como si su vida, su presente, solo fuera llenado por semejantes compañeros de viaje”, y prosiguió “no había nada que les sedujera y tuvieran que prestar atención”.

Los niños de hoy en día, no son los de antes, están creciendo en una nueva realidad, una realidad que que desconecta con el presente, el ahora, y que más nos puede hacer reflexionar, les desconecta de sus semejantes.

Decía Antoine de Sant-Exùpery que “el mayor tesoro que tenemos en esta vida es el de las relaciones humanas”, contacto directo y personal, con lo que todo ello conlleva.

El proceso sería el contrario en esta sociedad, momentos de “desconectar, para poder conectar”. Percibir y atender a la realidad que nos rodea para tener una vida emocional plena.

Ante esto, nos hallamos que la photo-1416615267350-a82c5a347dbfrelación que establecen con sus llamativos compañeros les resta tiempo para conversar, incluso para aprender a dar respuesta o entender los mensajes no verbales que aportan los diálogos.

Este acontecimiento social, no es único en la familia, sino cada vez se ve más acentuado en las escuelas, en las cuales es corriente escuchar a docentes con un tono de voz, mezcla de ira y de pérdida de batalla, “no prestan atención”.

Por tanto, los avances de la sociedad en cualquier área pueden afectar los comportamientos de los seres humanos, y en este caso, con una reducción de la atención de la persona.

Cada vez son más los adolescentes, o de más temprana edad que aparentan tener síntomas de déficit de atención, y con lo que nos encontramos en estos momentos es que la atención está convirtiéndose en el principal problema de las personas.

Queremos o tenemos información rápida, estimulante y consecuentemente empezamos a estar menos acostumbrados a llevar una tarea que requiera atención que conlleve un espacio de tiempo más amplio. Aspiramos a la inmediatez desechando la compresión y la profundidad.

photo-1457317680121-ef12e98979e8La concentración en la tarea precisa de la atención selectiva, capacidad neuronal de dirigir la atención a un solo objetivo, creando una “barrera” a otro aluvión de datos, cada uno de ellos posibles focos de atención. Como escribió William James “la atención es la toma de posesión, por la mente, de un modo claro y vívido, de uno entre varios objetos o cadenas de pensamientos simultáneamente posibles”.

Encontramos dos tipos de formas de distracción, la sensorial y la emocional. Nos referiremos en este escrito a la segunda, la emocional. Los impactos emocionales que se muestran durante la ejecución de una tarea puede llevar a que nuestra atención vaya a otro lugar, un sonido, una música es suficiente para que dejemos de realizar lo que estábamos haciendo. La curiosidad nos ha llevado a cambiar el foco de atención.

La concentración en medio del ruido es una atención bien dirigida. Pero, ¿y cuando el ruido es interno?

Voy a tomar el ejemplo de la jarra. Tomamos una jarra de agua, grande y transparente, la llenamos de agua e introducimos arena o sal de diferentes colores, podemos ayudarnos de tiza para impregnar del color que queramos, tenemos una herramienta fácil para explicar la mente y nuestros pensamientos.

Cuando agitamos la jarra, la arena “bucea” a gran velocidad, sus diferentes colores, su movilidad, representan los pensamientos y sentimientos que subyacen en nuestra mente, representada por el agua. Si dejamos de remover el agua, la arena multicolor comienza a depositarse en el fondo, nuestra mente comienza a aquietarse, no desaparecen esos pensamientos, pero comenzamos a ponerles nombres, somos conscientes de su presencia. Estamos atentos a nuestro cuerpo, estamos aquí y ahora.

photo-1418662589339-364ad47f98a2Cada vez resulta más evidente el papel que desempeña la atención plena, o como se le llama en el ámbito educativo el mindfulness, desarrollando la atención, la comprensión cognitiva y emocional, mejorando  habilidades y la conciencia interpersonal. Nos encontramos ante una herramienta de gran poder “curativo” ante el estrés, la ansiedad generando un clima interno de paz y tranquilidad.

En Oriente a este proceso se le denomina  “retornar la mente a casa”, ser consciente del momento presente.

Por todo ello, si ahora nos hallamos en la sociedad de lo inmediato, de lo superfluo, de la pérdida de atención por la gran variedad de estímulos que se encuentran, necesitamos momentos de frenar, de cambio, de parar, de lentitud, de enseñar a que presten atención.

El mindfulness puede dar respuesta a ese ruido interior, al estrés, mejorando la función ejecutiva que no es otra que la que nos ayuda a organizar tareas, gestionar tiempo, estableciendo prioridades y tomando decisiones.

 

Captura de pantalla 2016-04-13 21.12.24Javier Mera Suárez

Docente y formador en metodologías participativa

@IOjaviM