resaca de san valentin“Cuando nos elegimos, nos guiamos por el corazón y confundimos enamoramiento con amor. El enamoramiento dura dos o tres años máximo, idealizamos, nos apegamos, la química no nos deja pensar. Cuando entra la razón en juego comienza a surgir el amor”.

Walter Riso

Superada la «resaca» de San Valentín, me parecía más que necesario dedicar unos minutos de reflexión a varios puntos que sobrevuelan mi cabeza a la llegada de esta señalada fecha de origen romano.

Como ciertamente indica la frase de cabecera de hoy, enamorarse no es lo mismo que sentir amor. Y es precisamente cuando el segundo entra en juego cuando podemos empezar a hablar de otro tipo de sentimientos que toman más protagonismo tras el torbellino de emociones de deja tras de sí cualquier luna de miel.

El amor es una receta que se cocina a fuego lento, con cariño, generosidad y paciencia. Sin embargo, hoy en día la fugacidad que predomina en las relaciones afectivas, no ayuda precisamente.

En este sentido coincido con Antonio Gala con respecto a que nuestra sociedad nos da todas las facilidades del mundo para hacer el amor (redes sociales, aplicaciones, viajes para solteros), pero no para enamorarnosVivimos inmersos en la trampa del amor líquido que hace tiempo mi admirado Bauman sabiamente vaticinó.

La hiperconectividad que rige nuestras vidas cotidianas es un arma de doble filo. Quizá, y solo quizá, nos acerca quienes están más lejos, y nos aleja de quienes tenemos más cerca. Véase cualquier escena típica en restaurantes o lugares de ocio donde parecemos estar más pendientes de nuestras pantallas que de lo que acontece a nuestro alrededor.

La cuestión de todo ello es que nos encontramos ante relaciones frágiles e insípidas, más fáciles de sustituir que de cuidar o reparar. No obstante, ello no impide que las parejas en ese lapso de tiempo tomen decisiones conjuntas como adquirir una vivienda, firmar un crédito hipotecario o invertir en un negocio común. Todas ellas conllevan soluciones engorrosas si algún día el amor desaparece, pues ni siquiera muchas veces da tiempo a que se desgaste.

No obstante, sin lugar a dudas, LA DECISIÓN MÁS TRASCENDENTAL que pueden tomar dos personas es la de traer una criatura al mundo. En mi opinión, es un punto de inflexión en la vida de cualquier individuo que, como es natural, trae consecuencias en la pareja y en la forma de vida de quienes la componen.

Tras las mariposas en el estómago, las noches de pasión, los viajes, la idealización del otro, la vorágine de emociones sin control… tras todo ello debe haber unos cimientos sólidos armados con respeto, diálogo, cariño, comprensión, amistad, generosidad, paciencia, sacrificio, AMOR.

Si el HOGAR ha sido edificado sobre un plano erróneo, con estructuras endebles y defectuosas, sin dejar reposar los materiales… El resultado puede ser simplemente desastroso. Podemos demoler la casa, podemos desvincularnos de todos los contratos firmados, podemos solucionar con dinero muchos de los problemas propios de una separación/divorcio. Pero lo que no tiene vuelta atrás es el hecho de que sois MADRE y PADRE, y que existen hijos en común.

Por ello, tras la resaca de San Valentín, cuando las cosas empiezan a torcerse, toca arrimar el hombro. Durante el enamoramiento es fácil ser complacientes, amables y divertidos, puesto que mostramos nuestra mejor versión. Pero el momento clave para demostrar respeto y cariño hacia el otro es ahora, cuando esos sentimientos que nos hacían flotar desaparecen sin dejar rastro. Cuando incluso son sustituidos por otros mucho más dolorosos, como el rencor, el enfado o la decepción.

La diferencia entre ser niño y atravesar la separación/divorcio de tus padres de forma amistosa, y sobrevivir a ella, ES ABISMAL. En vuestra mano está el decidir optar por el mejor camino para todos, sobre todo para ellos.

Delia María RodríguezSomos Vestalia Delia

Socia Directora. Abogada y Mediadora en Vestalia Asociados

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