«El pesimista siempre ve la dificultad en cada oportunidad,
el optimista ve la oportunidad en cada dificultad».

Winston Churchill

 

No paro de leer artículos y comentarios sobre el escaso número de personas que se han acogido a la Ley de Segunda Oportunidad, todo ello justificado en que la Ley es poco eficaz y de difícil aplicación. No estoy para nada de acuerdo.

Al contrario de lo que se dice por ahí, creo que es un mecanismo interesante e innovador, y que por fin aporta una herramienta a las personas físicas o familias para «comenzar de nuevo» cuando la crisis, las hipotecas abusivas o las deudas les han atropellado.

No quiero entrar en tecnicismos ni en remisiones legales para explicar en qué consiste esta Ley ya que la vocación de este artículo es explicar de un modo sencillo el motivo, la finalidad y el procedimiento de la Segunda Oportunidad.

Pues bien, el motivo esencial por el que nace esta reforma legal es por aceptar, de una vez por todas, que hay innumerables familias cuyas deudas son desproporcionalmente superiores a su patrimonio, esto es, que tienen mucho menos de lo que deben, lo que provocaba la imposibilidad de pagar las deudas y la instauración de embargos eternos sobre nóminas, cuentas corrientes y otros bienes.

Esta situación, hasta ahora, producía la insatisfacción del acreedor y abocaba al deudor a vivir al margen del sistema económico. Y es que por más que hubiera sentencias o leyes que reconocía la obligación de pagar deudas, si el deudor no tenía con que pagar, el acreedor jamás iba a cobrar nada.

Por todo ello la finalidad del proceso es doble, primero, eliminar la falsa ilusión del acreedor de que se puede o se va a cobrar, y la segunda, permitir a las familias volver a ser parte legal del sistema económico, volver a empezar.

Para ello, la Ley prevé dos fases. En la primera el deudor va a intentar un acuerdo extrajudicial, global y simultáneo con todos los acreedores, en el que propone quitas (rebaja en la deuda) y esperas (aplazamiento de pago) realistas con su situación económica para el pago total de la deuda, véase pagar el 20 por 100 en 10 años, etc. En el caso de que los acreedores de forma mayoritaria acepten esta propuesta se renovarán todas las deudas y se pagará en los plazos y cantidades del acuerdo.

La segunda fase sólo tiene lugar cuando fracasa la primera, esto es, cuando los acreedores rechazan el plan de pagos propuesto. En tal caso se produce la declaración en Concurso de Acreedores en el que se va a proceder a la venta de todos los bienes del deudor (vivienda, coche, etc., salvo ajuar).

Una vez así, lo obtenido de la venta de los bienes se destinará a pagar parcialmente las deudas (dé para lo que dé) y tras ello se declarará la exoneración del resto de las deudas que afecten al deudor (salvo deudas con Hacienda, Seguridad Social…).

Es decir el deudor ya no tendrá nada y no deberá nada, pudiendo empezar de cero. Asimismo se alzarán los embargos que puedan existir sobre la nomina del deudor y ésta se le entregará completa sin retenciones para destinarlo a comenzar de nuevo.

 

Raúl Herrera García

Abogado Mercantilista-Procesalista

www.herreragarcía.com